Salud en el Templo de Eurovisión

Por Luis Meseguer Mira


Eurovisión es el cruce de varios caminos: geopolítica, rarezas frikis, panfletos ideológicos, reclamos para el turismo, terrorismo fandom… Todo en un estricto directo, seguido por la audiencia más alta del año del mundo en un programa musical.


En la edición de 2022, se ha hablado de muchos temas: la guerra (Ukrania, 1r puesto), la influencia de las redes (el TikToker Sam Ryder por Reino Unido, 2º puesto), y la necesidad de convertirse en objeto sexual para un supuesto empoderamiento femenino (España, 3r puesto). Sin embargo, aquí hablaremos de la canción más arriesgada: In corpore sano de Konstrakta (Serbia 5º puesto). Y es que, aunque no llegó al podio, fue la canción que rompió todos los esquemas, como veremos ahora.


El sistema de puntos se rige, desde 2009, por un 50% de votos de jurado y un 50% de televotos. Ver el desglose de los puntos otorgados permite ver que las puntuaciones coinciden en muchos casos, pero en otros no. Por ejemplo, Moldavia logró un 2º puesto en el televoto (239 puntos), mientras que el jurado prácticamente la ignoró, con un 20º puesto, (14 puntos). Eso es algo natural, ya que la canción, alegre, sencilla y despreocupada, era más de fiestas de pueblo que de concurso purista musical.


Pero lo que es muy curioso es que Serbia, con su propuesta seria, aséptica y prácticamente inmóvil, haya conquistado el televoto, con un 4º puesto (225 puntos, con 4 puntos más superaría a España) y el jurado, en cambio, le conceda un 11º (87 puntos). Y esta es la serbia y soberbia In Corpore Sano:



El secreto del cabello de Megan Markle


Fondo negro, coristas de negro, toallas blancas, cantante de blanco. La propuesta visual fue diseñada por la compositora, Konstrakta. Ella es artista en varias disciplinas: cantautora y arquitecta. Basta echar un vistazo a su Instagram (@konstrakta) para ver su amplia variedad de referencias y fuentes de inspiración. En el caso de In corpore sano, ha optado por cierto minimalismo y austeridad de recursos.


“¿Cuál es el secreto del cabello sano de Megan Markle?”, así arranca la primera estrofa de la canción. Según nos cuenta Konstrakta en su entrevista en Wiwibloggs, se inspiró en un titular de prensa rosa (lo he buscado y podría ser este). El artículo habla del pelo de Megan Markle como si fuera algo sagrado. De allí surgió la idea para la canción: una crítica a nuestra sociedad, que hace de la salud una religión. Hasta tal punto que olvida el mens sana (mente sana), quedándose sólo con in corpore sano (en cuerpo sano).


La propuesta visual lleva el mismo mensaje: las sotanas y estolas/toallas de los coristas, el círculo sagrado que cierran en torno a la cantante en blanco papal (o de enfermera, también). Los gestos hieráticos y los primeros planos cerrados dan más gravedad a este nuevo culto. El culto al cuerpo. Pero, ¿cómo transmitir un temas tan abstractos como salud y religión en algo tan emocional como la música?


Maitines con swag


Lo consigue trabajando varios aspectos. Las frases musicales son prácticamente lineales, excepto algunas inflexiones que ayudan a la cadencia. Eso se nota sobre todo en el inicio de la canción, en que prácticamente salmodia la frase sobre el cabello de Megan Markle. El estribillo son cuatro grados ascendentes y nada más. El hieratismo visual se traduce en esta especie de tono de recitación. Igual que en el canto gregoriano, la palabra es primordial y la música solo trata de ensalzarla. Konstrakta, en la misma entrevista nos cuenta que incluyeron los subtítulos porque era muy importante que se entendiera lo que estaba diciendo.


Otro aspecto es el uso deliberado del silencio. Esos dos segundos de silencio iniciales cuando vemos el primer subtítulo serían una eternidad para el mundo pop. Y qué decir de esos siete segundos de silencio en que los coristas se ponen en actitud orante mientras el escenario se tiñe de rojo. El silencio como espacio de meditación y como purificación del sonido es otro símbolo con tintes religiosos que utiliza la artista.


En el tema de los instrumentos, la estrategia es bastante diferente. El hi-hat al estilo trap, los sintetizadores y el bajo eléctrico dejan claro que es una canción actual y dirigida a los espectadores contemporáneos. Por otro lado, los harmonizers y el reverb en momentos clave hablan de atemporalidad, distancia, como si fuera un monaquismo futurista.


Pero no podemos dejarnos el instrumento estrella: las palmadas. Ella se lava las manos (gesto de salud y de culto al mismo tiempo), purificando ese instrumento musical que todos llevamos encima para crear esta obra de arte. E incita a todos a participar de la misma forma. En este gesto cierra todo un ciclo simbólico que en tres minutos ha asombrado a toda Europa.

¿Quieres recibir los apuntes de Luis?

¡Gracias por suscribirte!